martes, 19 de septiembre de 2006
Nuestra Señora de los Dolores, Patrona y Alcaldesa Perpetua de la Rinconada, recorrió las calles de la localidad aljarafeña de la provincia de Sevilla en la noche del pasado día 15 de Septiembre. La Hermosísima dolorosa se adjudica a las gubias de Manuel Gutiérrez Reyes y Cano en 1860, aunque dado que se conoce el hecho de que el artista firmaba sus restauraciones y remodelaciones, no se descarta que pueda tratarse de una imagen anterior reformada por el mencionado imaginero. Se da la circunstancia de ser una imagen dolorosa que a su vez, procesiona el Sábado Santo por las calles de la localidad junto al Cristo de la Misericordia.

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Noche agradable, casi de una primavera calurosa vino a saludar la imagen doliente de la Señora en su día más gozoso. Olor a nardo fresco, absolutamente embriagador que nos hace añorar aquellos tiempos en que la flor de invernadero, bella aunque de ausente fragancia, no era el exorno habitual de nuestras andas y el perfume de la flor fresca y recién cortada acompañaba el transitar de nuestros pasos por las calles de una ciudad. Añoranza de otros tiempos, más escasos de medios, con mayores dificultades, pero que también tenían ese pellizco de lo auténtico que en nuestros días se ha perdido. Que sensación tan sublime en la mezcla del humo del incienso y el nardo más dulce y acariciador. Inolvidable ese olor de primavera en la ficticia templanza preotoñal. Un recuerdo, otros tiempos.

Un pueblo, una mezcla entre la barriada que nace y la que ya madura, nos alecciona de la cordura que debe imperar y no borrar el pasado que nos enseñó el camino de la identidad, que ahora se intenta destruir por puro capitalismo. Otro recuerdo, otra añoranza. Pero entre lo nuevo y lo viejo, algo que siempre perdura, nuestra tradición: sobre un paso devoción y cariño; el pueblo congregado que se reconoce a si mismo en la tradición y a la tradición a su vez la reconoce otorgándole bastón de alcaldía perpetua, que en manos del Pastorcillo Divino, al pie de la Madre, reposa en símbolo de unión indisoluble.

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Los sones, más voluntariosos que acertados de la Banda Municipal de la Rinconada intentan amenizar un momento que no necesita más. Repertorio e interpretación de paupérrima calidad que no aporta nada, así como la actitud de ciertos músicos que no acompañan la comunión entre pueblo e icono, entre devoción y lucimiento. No más de treinta músicos que a ratos, más enturbiaban que ayudaban a ensalzar el momento.

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Público no más que el justo, pero de ambiente cordial y distendido; vecinos que se saludan y otros que se intercambian secretas alianzas: "te dije que lo pararas en la ventana del bar"; "chiquilla dijiste que era la segunda ventana no la tercera" responde el capataz a la cocinera que por la ventana en su labor, se extenúa por cruzar su mirada con la Madre. Quién necesita más que el amor, la devoción y la sencillez del pueblo y su cariño; no hacen falta voluntariosos intentos por mejorar una rosa que el tiempo ya ha madurado hasta ser perfecta.

Una delicia, una fecha imperdible en el calendario, La Rinconada y su patrona, un pueblo y su historia que una noche de primavera, una vez más, como en tantos rincones, vuelven a darse la mano.

Rogelio Rubio Segura.

Fotografías de Javier Martínez Macarro.
Publicado por nazarenodelaO @ 20:50  | Sevilla
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