martes, 19 de septiembre de 2006
Magnífica jornada la vivida el pasado día 14 de Septiembre en la sevillana localidad de Tocina. La Exaltación de la Santa Cruz es ya una fecha fija que el buen cofrade no debe obviar por muchas razones, pero sobre todas ellas sin duda por la más intangible a la vez que irrepetible: el buen ambiente y el talante acogedor con que los tocinenses hacen de la celebración un acto inolvidable.

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A las 21:30 tiene su salida la procesión gloriosa del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz desde la Iglesia de San Vicente Mártir. La imagen, obra del umbreteño Antonio Illanes Rodríguez realizada en 1937, vino a sustituir el anónimo y antiquísimo titular anterior, destrozado en los actos sacrílegos de la Guerra Civil, aunque pudieron ser recuperados y unidos sus restos, con mayor amor que acierto, permaneciendo en la casa hermandad de la corporación. El crucificado, procesiona también el Viernes Santo sobre las andas que en 1971 adquirió a la sevillana cofradía de la Hiniesta, encontrándose actualmente estas en proceso de restauración hecho por el cual, el pasado día 14 procesionó sobre las antiguas andas de la hermandad, desafortunadamente restauradas con aplicación de pintura dorada que imita el trabajo con pan de oro, hecho este que desde luego lejos de conseguir, le proporciona un aspecto poco adecuado al conjunto. La Agrupación Musical Santo Sepulcro de Palma del Río (Córdoba) acompañó con bastante acierto y una más que interesante calidad interpretativa al crucificado, que se acompaña con música de capilla en la estación de penitencia del Viernes Santo.

Septiembre marca un festivo fin de verano en la localidad de Tocina-Los Rosales. Tras la feria celebrada en los primeros días del mes, en la noche del día 13, previa a la salida del Cristo de la Vera-Cruz, se celebra la Verbena de la Vera-Cruz, amenizada algunos puntos de la localidad con cenas vecinales realizadas al aire libre; magníficas vísperas el día previo a la salida procesional. Bien pronto tocara diana la Banda de Cornetas y Tambores de Corona de Espinas en la mañana del día 14, despertando a los vecinos que acudirán a la Función Principal de Instituto. Numerosas mujeres ataviadas de mantilla, decenas de vecinos, representaciones oficiales así como de las cinco hermandades de la localidad acudirán al acto celebrado ante el paso procesional. No tendrá fin el Septiembre festivo de la localidad tras la entrada del crucificado, pues el día 15 en el barrio de Los Rosales tendrá lugar la verbena de Nuestra Señora de Fátima, cuya romería se celebrará el día 18 previa misa de romeros.

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Calles engalanadas con arcos de luces, banderines, flores y luminarias reciben la efigie de Cristo, algo alejada de los habituales rasgos de la obra de Antonio Illanes, quien sin duda decidió inspirarse en la desaparecida talla y proporcionar un aspecto semejante a la nueva obra que vendría a sustituirlo: canon alargado y de gubiazos amplios, con pelo lacio largo y que cae sobre los hombros y serena postura en la cruz, con sudario claramente inspirado e épocas pretéritas de escaso vuelo y volumen sobre el cual, a la luz de algunas farolas, puede apreciarse la firma del autor bajo la moña en que se anuda sobre la cadera izquierda.

Calles en fiesta, vecinos vestidos de las mejores galas que puede cobijar un humilde ropero y sobre todo: ambiente de cordialidad exquisito. Esa cordialidad que parece haber abandonado nuestras ciudades, esa sensación de paz mientras se camina por las calles, calles en que a no muchos kilómetros, la desazón y la mirada atrás nos acosa. Ni una sola salida de tono en una atmósfera que perdimos en tantos lugares y recuperamos aquí añorándola por unas horas; ni rastro del elemento agresivo y deseoso para si de todo el protagonismo bajo la ausencia de toda educación y civismo. Solo por esto merece Tocina una visita, tomar una tapa en una de sus esquinas, o simplemente pasear mientras se contempla la ejemplar celebración de esta festividad en sus calles, al frescor de la brisa de septiembre que recuerda esa primavera lejana, tan simbólica para el cofrade en esta primavera ufana de septiembre que dura solo unos días, y nos entrega en manos del otoño y el invierno frío. Poco falta para que empecemos otra vez a contar días para la cuaresma.

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A las cuatro de la mañana y bajo las luminarias y aparato pirotécnico que se monta en la balconada de la Parroquia, entró el Santísimo Cristo tras dejarnos estampas inolvidables: a su paso por calles repletas de maceteros dispuestos en sus aceras para engalanar el momento; bendición de los puntos cardinales de la localidad, con la mirada de Cristo posándose a lo lejos, sobre Los Rosales; plazas repletas de gentes de bien y esa fresca brisa que anuncia que se terminó ya el estío. Solo lamentar como ocurre en estos actos, la imprevisión que a veces parece cundir respecto al recorrido, protagonizada en este caso por una farola que pende bajo el arco junto al Cuartel de la Guardia Civil, que acabó siendo apartada al paso del Señor por la cantonera del brazo derecho del madero.

Hay que tratar de evitar estos sucesos, para tranquilidad del devoto, el hermano y el asistente, ya que empañan momentáneamente una noche mágica, y ocurre con cierta frecuencia en este tipo de acontecimientos. Por colocar una colgadura unos metros más arriba para evitar que unas andas se enganchen, por evitar arcos imposibles y calles demasiado estrechas se consigue hacer brillar aún más estos actos y no cuesta tanto evitarlo. Por lo demás ciertamente un día magnífico que todo cofrade debería marcar en su calendario cada año con la palabra "Tocina".

Rogelio Rubio Segura.

Fotografías: Javier Martínez Macarro
Publicado por nazarenodelaO @ 19:49  | Sevilla
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